El celo es un sentimiento desagradable que nos desequilibra y enflaquece. Tomados por los celos, sentimos que somos traicionados por nosotros mismos: al final, sentimos que no deberíamos sentir lo que estamos sintiendo! El celo nos divide internamente. Mientras un lado de nuestro ser clama por atención al sentirse excluido, el otro lado nos reprueba por esta misma actitud, pues los celos amenazan destruir el orden y el equilibrio emocional de una relación. A pesar de ser pocas veces admitido, los celos son una emoción común, que hace parte del cotidiano de todas las relaciones humanas. Reconocer los celos y lidiar directamente con ellos es una acción interna saludable, que acelera el proceso evolutivo del auto-conocimiento. En tanto, él pasa a ser patológico cuando nos lleva a perder la capacidad de hacer nuestras elecciones. Por eso, los celos, no deben ser considerados como un sentimiento banal e infantil que con el tiempo pasa, y si, ser vistos como una enfermedad que compromete el buen funcionamiento del sistema inmunológico emocional de una persona, así como la dinámica de sus relaciones. Si el fuego de los celos no fuera contenido, él nos quema y trae serias consecuencias: alimentados por la desconfianza y por la agresión, generamos ansiedad, rabia, humillación, vergüenza, depresión y hasta deseo de venganza. El foco de infección a ser tratado será el de la auto-estima, pues cuando ella está rebajada nos causa la sensación constante de inseguridad e impotencia, y consecuentemente, nos dejamos llevar por la imaginación - además, siempre enfocada para lo negativo. El celo surge como una señal de alerta que nos anuncia que una amenaza real o imaginaria está invadiendo nuestro territorio afectivo. Nuestro instinto de preservación buscar eliminar todo y cualquier riesgo de pérdida del ser amado o situaciones que nos remitan a sentirnos seguros y protegidos.
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